Las primeras lluvias después del verano despiertan el instinto reproductivo de los ciervos. Los machos adultos emiten unos sonidos guturales característicos, conocidos como la berrea, con la intención de atraer a las hembras y demostrar su fortaleza y superioridad con respecto a los demás ciervos. Los grandes machos suelen luchar entre sí con las cuernas, en una especie de ritual no sangriento. Los vencedores, los ejemplares más fuertes, serán los que se apareen con un mayor número de hembras.
A continuación os dejamos unas fotografías tomadas en la Campiña en la que podemos ver a estos magníficos animales en todo su esplendor, en su hábitat natural.




